Los ingresos crecerían por la imposición directa y por la caída de la competencia fiscal.

El fondo cree que un 60% de los beneficios de las multinacionales son «excesivos».

Las finanzas públicas de los países, seriamente tocadas por el gasto imprevisto que los gobiernos han tenido que acometer para enfrentarse al Covid-19, necesitan reponerse poco a poco. El Fondo Monetario Internacional (FMI), que estos días celebra su tradicional reunión de primavera, se ha sumado este miércoles a los analistas y a las autoridades fiscales que reivindican una estrategia de consolidación fiscal. Y entre las palancas a usar para avanzar en esta tarea ha señalado la fiscalidad. Entre otros puntos, el organismo ha reivindicado el acuerdo global alcanzado recientemente por 137 países para imponer una tasa mínima global a las multinacionales, algo que podría aumentar la recaudación por estas vías en casi un 14% en todo el mundo.

El pacto impulsado por el G7 y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que actualmente está debatiéndose en el seno de la Unión Europea, tiene dos vertientes. Por un lado, está el conocido como pilar I, basado en la reubicación del pago de los impuestos de las multinacionales desde los países donde sitúan sus sedes fiscales hacia los territorios donde operan y generan beneficios. El pilar II, por su parte, recoge un tipo mínimo del 15% para las grandes empresas.

Esta medida, explica el FMI en el Fiscal Monitor presentado este miércoles, aumentaría los ingresos de Sociedades en un 5,7% global y, potencialmente, en un 8,1% adicional por la reducción de la competencia fiscal entre jurisdicciones. En total, un 13,8% más. Cabe recordar que uno de los motivos que propició el acuerdo es la necesidad de frenar la carrera a la baja impulsada por ciertos países que imponen tipos más bajos para atraer a las grandes empresas.

El aumento de la recaudación tributaria que calcula el FMI es de tal calibre debido al abanico de multinacionales que incluye el acuerdo. El primer pilar, por un lado, afecta a las multinacionales con ingresos globales superiores a los 20.000 millones de euros y una rentabilidad por encima del 10%, excluyendo las empresas extractivas y las de servicios financieros regulados. Está pensado principalmente para las grandes tecnológicas, con más facilidad para deslocalizarse. El segundo, por parte, abarcará a las empresas que facturen 750 millones de euros o más a nivel global, que estarán sujetas a un tipo mínimo del 15%.

Ganancias «excesivas»

El FMI, además de proponer una mayor coordinación global en materia de impuestos, también quiere centrar el debate en los beneficios «excesivos» de las grandes multinacionales. De hecho, desde que estallase la crisis sanitaria y económica del Covid-19, el organismo dirigido por Kristalina Gueorguieva ha centrado parte del foco en la necesidad de gravar más a estas empresas, de momento de forma temporal, para aliviar el gasto público de los países.

El informe presentado este miércoles asegura que cerca del 60% de los beneficios de las multinacionales pueden considerarse como «excesivos». Aunque el organismo reconoce que es complicado esclarecer cuál es esta frontera, explica que esta estimación «se basa en proporciones simples que consideran que las ganancias normales son del 5% al 7,5% de los activos totales o, alternativamente, del 5% al 7,5% del coste de los bienes vendidos». Se obtienen resultados similares, prosigue el FMI, a partir de un tercer método que estima el beneficio normal utilizando datos a nivel de la propia multinacional, «como los beneficios hipotéticos que generarían las empresas en ausencia de poder de mercado y primas de riesgo».

Por ello, y dado que las multinacionales pueden generar grandes ganancias sin presencia física y sin estar sujetas a impuestos, el FMI recalca que las grandes empresas obtuvieron en 2019 beneficios por el 9,2% del PIB mundial. De ellos, «una parte considerable, cerca de un 60%, son un exceso de ganancias”, recalca.

El organismo estima que la reasignación de una parte del exceso de ganancias a los países bajo el pilar I se aplicará únicamente a unas 140 empresas, «capturando una pequeña base impositiva global del 2% de sus ganancias». Según sus cálculos, esta recaudación extra se reasignará desde las jurisdicciones con bajos tipos a otros países, aumentando los ingresos en un 0,7% y un 0,9% en cada tipo de región, respectivamente.

IRPF y carbono

El FMI también ha pedido más coordinación global en otros tributos como los impuestos sobre las personas físicas y la imposición al carbono para frenar el calentamiento global. Así, como sucede con el nuevo tipo mínimo en Sociedades, la tributación de las personas, especialmente las más ricas, también requiere coordinación a través de las fronteras, detalla el fondo.

En concreto, y principalmente debido al auge del teletrabajo y de la deslocalización de los empleados, el FMI pide una mayor coordinación que garantice “un tratamiento fiscal uniforme entre los países donde residen los empleadores y los empleados”. La razón es que, según las estimaciones que maneja, un 1,25% de los ingresos globales del IRPF (y los impuestos análogos del resto de regiones) se reasigna entre terceros países por las “diferencias existentes en las tasas impositivas” de unos y otros lugares.

La cifra, relativamente baja, podría ir a más debido a que “las oportunidades para el trabajo en remoto transfronterizo se han ampliado”. A esto se le suma “la cantidad de economías que ofrecen visas de nómada digital dirigidas a personas altamente cualificadas”. Es un fenómeno reciente que “exige una mayor coordinación”, insiste el FMI, que también pide más intercambio de información entre jurisdicciones.

En paralelo, el organismo también pide una acción coordinada concreta para combatir el cambio climático a través de un precio mínimo mundial al carbono, una fórmula “análoga al impuesto corporativo mínimo global” que deberían impulsar los países emisores.

FUENTE: CINCO DÍAS